A nadie le agrada la idea de la “racionalización”, un eufemismo usado con frecuencia para referirse a recortes de empleo, reducciones presupuestarias y cancelación de proyectos. Entonces, ¿qué pueden hacer los gerentes motivados y creativos para cambiar la situación a favor del crecimiento continuo, la satisfacción y el compromiso de los empleados, y el éxito en el negocio? Quisiera compartir con ustedes tres ideas que podrían ayudarlos a cultivar y mantener un ambiente de trabajo constructivo en estos tiempos tan difíciles.
Más allá de la actual situación del mundo, a los empleados les gustaría ser considerados como personas que contribuyen al éxito del negocio o el proyecto específico en que trabajan, y, como tales, querrían que “el jefe” los reconociera y los escuchara. Hace varios años que Cirque du Soleil organiza su gira anual del presidente, durante la cual el CEO, Daniel Lamarre, a veces acompañado por el fundador y guía creativo del Cirque, Guy Laliberté, viaja por el mundo para reunirse con empleados, artesanos, técnicos, artistas y gerentes de la compañía.
Es un viaje exigente, de no menos de 12 escalas, y de encuentros cara a cara con todos los que quieran escuchar y que los escuchen. La transparencia es siempre “de rigor”; el crecimiento y los nuevos proyectos de la compañía, las políticas y condiciones de las giras, la relación entre la sede central, las sucursales regionales y los espectáculos, la equidad salarial, las cargas fiscales locales y los planes de jubilación, así como las cuestiones sociales, las guarderías y las licencias por paternidad y maternidad, son todos temas abiertos a preguntas y discusión, y a veces hasta son cuestionados por los empleados.
Pero estos animados debates no se limitan al contexto más formal de la gira del presidente: continúan durante todo el año entre bastidores, en las cafeterías de las giras y en los pasillos del Estudio del Cirque y la sede internacional en Montreal. Si queremos que nuestro personal “se desempeñe” bien, tanto en el escenario como en la oficina, debemos reconocer su contribución, y estimularla con honestidad, confianza y respeto.
Por lo general, pensar y actuar “sobre la marcha” hará que emerjan talentos ocultos y perspectivas nuevas. En el Cirque solemos denominar esto “salvar el espectáculo”, y es una realidad con la que hemos aprendido no sólo a vivir sino a prosperar, ya que cada función en vivo no está completa sin por lo menos unas cuantas sorpresas.
A veces puede tratarse de la tan temida “falla de guardarropa”, como la peluca de un trapecista o un sombrero que vuela hacia el público en medio de la función, un artista accidentado o que se enferma justo antes del espectáculo, o un problema técnico como un elevador de escenario que se niega con obstinación a subir en el momento debido.
Pero, de un modo u otro, “¡el show debe continuar!”. Esta técnica de “salvar el espectáculo” forma parte de nuestra vida diaria, y aunque no podemos predecir todo lo que podría ocurrir durante un show, o incluso durante las horas de trabajo de oficina, practicamos y nos preparamos para muchas eventualidades.
Para las actuaciones clave de cada nuevo espectáculo, una de las cosas más importantes que hacemos es tener artistas “de reserva”. Si hay un acróbata que realiza un triple salto mortal, o un número de acrobacia difícil, siempre hay una segunda persona preparada para reemplazarlo. Y siempre hemos podido identificar “artistas promisorios” más que deseosos de enfrentar ese desafío. De manera similar, los miembros jóvenes de nuestra “troupe” a menudo se comprometen no sólo a aprender un número “solista” en su tiempo libre, sino a veces a enriquecerlo, con la esperanza de poder, algún día, reemplazar al artista principal. Consideramos estas actitudes como señales de determinación y coraje, de una competencia sana, cualidades que valoramos.
Sin embargo, lo que más nos impresiona es la capacidad de un individuo para tomar una decisión rápida e improvisar sobre la marcha; es decir, pensar con rapidez y reaccionar con eficiencia.
Tal vez un montador, el técnico que sujeta a una trapecista al final de una línea de seguridad, constituye aquí el mejor ejemplo. Él debe analizar el esquema de movimientos de su trapecista “voladora” mientras ella demuestra sus habilidades, y al mismo tiempo determinar, instantáneamente, si podrá aferrar la barra o no. Si considera que no, en un milisegundo deberá bajar la línea de seguridad para mantener a la artista a salvo en lo alto, y luego depositarla con suavidad en el escenario.
No es sólo una cuestión de destreza y agudo sentido de cálculo por parte del montador, sino un sólido compañerismo laboral entre artista y montador, construido sobre la base de una profunda confianza.
“Salvar el espectáculo” también es preciso cada vez que surge algún percance con la maquinaria escénica. El público tiene que creer que el contratiempo forma parte del programa.
Aquí, la creatividad y la espontaneidad están a la orden del día, y también se practican. La agilidad para “salvar el espectáculo” es un valor enorme en cualquier negocio, tanto en los buenos como en los malos tiempos.
Y, por último, en esta época revuelta, es importante encontrar algo que celebrar. Tras los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001, supimos que el Cirque necesitaba hacer algo, crear algo positivo, para sacar a nuestro equipo del atolladero de la desconfianza y el miedo. ¿Qué podíamos hacer que abarcara a todos en la compañía, que tuviera que ver con nosotros y no costara demasiado? A Debra Brown, coreógrafa del Cirque desde hace largo tiempo, se le ocurrió la idea de crear y luego enseñar un movimiento coreográfico simbólico, denominado “Cry Freedom”, para todos nuestros empleados, artistas y personal en Montreal, Las Vegas y Orlando.
Se lo enseñamos a varios cientos de personas en cinco lugares, y nos comprometimos a filmarlo en un solo día. Dos semanas después, en una presentación en Toronto en honor a Guy Laliberté, la coreografía “Cry Freedom” se enseñó a los asistentes, y el Cirque pudo compartir la dicha pura de su mensaje de esperanza con el público.
Esta celebración volvió a ubicarnos en la buena senda, unificó a la compañía y no significó una inversión desmesurada. Y, quizá lo mejor de todo, ¡dio a nuestro equipo algo de que hablar durante muchos años!
El éxito constante de una compañía se relaciona, la mayoría de las veces, con la capacidad de sus líderes y gerentes para comprometerse y motivar su bien más preciado: los empleados.
Por lo tanto, es preciso cultivar la creatividad, la agilidad, la lealtad y el respeto, tanto en las mejores como en las peores épocas.
Fuente:
Lyn Heward
HSM – Professional Grade




















